Entender una tarea de escritura

Para resolver eficazmente una tarea de escritura es imprescindible comprender el problema que esta tarea le plantea al escritor. Esto quiere decir que frente a cualquier consigna de trabajo (escribir una monografía, una reseña bibliográfica, una carta comercial, un ensayo, etc.) el escritor necesita analizar las variables que intervienen en esa tarea para poder dirigir estratégicamente el proceso de composición a fin de resolver ese problema de la manera más satisfactoria posible. Además de conocer los rasgos distintivos de la clase de texto que se va a producir y el tema sobre el que tratará, entender adecuadamente una tarea de escritura implica conocer las características del lector al que nos dirigimos,  definir la posición desde la cual tomaremos la palabra y tener en claro el objetivo a alcanzar.

La primera cuestión a tener en cuenta en la evaluación de una tarea de escritura es el hecho de que todo texto, aun el más sencillo, es el resultado de un acto de comunicación. A pesar de lo que podríamos suponer, la escritura no es un acto solitario o lo es sólo en apariencia. Siempre escribimos para alguien, para el o los lectores que serán los destinatarios del texto que estamos produciendo. Con ellos el escritor entabla un diálogo imaginario que orienta la escritura del mismo modo en que, en la comunicación oral, la relación de los interlocutores determina la forma en la que se desarrolla el intercambio. Conocer al lector al que nos dirigimos, identificar sus intereses, sus necesidades, sus conocimientos, sus valores y creencias, es indispensable para comprender lo que está en juego en una tarea de escritura. Por eso, el escritor necesita trazar un perfil del lector que defina con la mayor precisión posible las características que le atribuye para poder entablar y sostener este diálogo virtual sin que se produzcan malentendidos que obstaculicen la comunicación.

Tan importante como diseñar un perfil de lector es decidir qué características tendrá el enunciador del texto. Todo participante de una situación comunicativa, tanto escrita como oral, actúa de una manera adecuada al ámbito en el que se desarrolla la comunicación, a los objetivos que se plantea alcanzar, a la relación que establece con el interlocutor o lector. No se toma la palabra de la misma manera en el ámbito público que en el privado. El estilo verbal del discurso, por ejemplo, serán diferente en cada caso: el lenguaje suele ser más preciso, formal y controlado en el ámbito público mientras que en el privado predomina lo coloquial, un vocabulario más sencillo y un relativo “descuido” en la construcción de las frases. Pero la situación de comunicación no sólo influye en el estilo del texto, en “cómo se dicen las cosas”, también determina lo que se puede o es conveniente decir. Por ejemplo, cuando se trata de convencer a un auditorio, además de elegir argumentos razonables también es necesario construir una imagen del orador que contribuya a legitimar esos argumentos. La legitimidad puede fundarse tanto en la experiencia como en un saber específico, o en valores éticos o en una tradición con la que el enunciador se identifica. Cualquiera sea la situación, al tomar la palabra el escritor decide de qué manera va a mostrarse en el discurso y de esa elección dependerá consecuentemente el tono que tendrá el texto.

Todo acto de comunicación, por otra parte, responde siempre a un propósito. Todo texto tiene una razón de ser (persuadir a un auditorio de la importancia de actuar de una forma determinada, hacer comprender un problema científico, informar, entretener, documentar una serie de hechos, conseguir un empleo, aprobar un curso, etc.) que lo motiva y lo determina. El escritor necesita plantear con claridad los objetivos que se propone alcanzar al escribir porque de ellos dependen una gran cantidad de decisiones que darán forma al escrito: qué género discursivo es el más adecuado para alcanzar el objetivo, qué recursos es necesario movilizar para influir eficazmente sobre el auditorio, qué materiales retener y cuáles desechar, cómo presentarse ante los lectores, qué estilo es el más conveniente.

Los factores que intervienen en la situación de escritura configuran un problema (no en el sentido de “conflicto” sino de situación compleja) que el escritor tendrá que resolver a través de su escrito. Todos ellos son interdependientes y determinan el proceso de composición de múltiples maneras por eso, una consideración exhaustiva de cada uno de ellos es el primer paso hacia una resolución satisfactoria de la tarea.

Guías

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