El proceso de composición

Escribir es un trabajo arduo que no tiene nada que ver con la romántica idea de la inspiración y el fluir espontáneo de la creatividad. Componer un texto, sobre todo si se trata de uno complejo como los que exige la comunicación académica, implica embarcarse en un proceso que involucra una variedad de decisiones, tareas y operaciones fuertemente determinadas tanto por factores externos como por los saberes y destrezas del sujeto que escribe.

Cada escritor lleva a cabo esos procesos de manera diferente de acuerdo con sus hábitos, sus intereses, sus propósitos y sus habilidades. Por eso es imposible proponer fórmulas estandarizadas que indiquen cómo plantear y llevar a cabo un proyecto de escritura. Sin embargo, a la hora de encarar la producción de un texto puede resultar útil tener presentes algunas nociones que contribuyen a orientar el trabajo de composición. Comprender cómo actuamos al escribir, qué factores condicionan el trabajo, qué recursos se movilizan, qué conocimientos se requieren suele ser una gran ayuda para abordar estratégica y eficazmente las tareas de escritura.

El gráfico que se reproduce aquí abajo (adaptado de FLOWER, Linda y John HAYES; “Teoría de la redacción como proceso cognitivo”, en Textos en contexto, Buenos Aires, Lectura y vida, 1996.) ilustra esquemáticamente lo que sucede en el curso del proceso de composición de un texto. Un breve recorrido por este diagrama puede ayudarnos a pensar críticamente nuestras tareas de escritura (click sobre la imagen para ampliar).

¿Qué representación del acto de escribir propone este modelo? En primer lugar señalemos que el bloque superior del diagrama pone énfasis en la importancia del contexto de trabajo como factor externo que condiciona al escritor. El contexto incluye tanto la tarea de escritura (qué clase de texto debemos producir, a quién o quiénes va dirigido, sobre qué tema vamos a escribir) como el texto mismo que estamos produciendo y que, a medida que va tomando forma, influye en lo que estamos escribiendo.

Otro factor que resulta determinante de nuestro desempeño como escritores es el conjunto de saberes de los que disponemos para abordar la tarea. Los conocimientos del escritor sobre las características de las distintas clases de textos (artículo científico, informe de investigación, monografía, resumen, etc.), la información sobre los temas a tratar, el control de las habilidades lingüísticas tienen una incidencia muy importante en el desarrollo y el resultado de la tarea. No siempre contamos con los conocimientos requeridos para llevar adelante los proyectos de escritura que se nos plantean, por eso es fundamental poder diagnosticar nuestras necesidades y saber cómo y dónde procurarnos los datos que nos hacen falta.

En cuanto a los procesos, en el curso de la tarea de composición se ponen en marcha tres clases principales. En el primer grupo, que corresponde en términos generales a la planificación, se concentran las operaciones de definición de objetivos (decidir para qué escribir), generación de ideas o invención (buscar qué decir) y organización del material (diseñar un plan textual). Es importante tener en cuenta que no hay que pensar a la planificación como un proceso previo a la redacción, ni siquiera como una actividad necesariamente anterior a la revisión. Los escritores expertos suelen revisar sus planes antes de iniciar la redacción  y, muchas veces, esta revisión da lugar a modificaciones que terminan afectando a la planificación y que eventualmente pueden llevar al escritor a replantearse toda la tarea.

En la puesta en texto se trasladan al papel las ideas generadas en función de un plan textual más o menos preciso. Cuanto menos experto en el manejo del código lingüístico es el escritor, mayor será su dificultad para resolver esta tarea y mayor será también la atención que deberá prestarle. Esta asignación de esfuerzo especial a las operaciones de redacción puede disminuir la atención que le dediquemos a otras tareas como, por ejemplo, las de planificación, por eso es tan importante consolidar los conocimientos lingüísticos para escribir con mayor libertad y fluidez.

La revisión, al igual que la planificación, es recurrente a lo largo de todo el proceso de composición. Esta recurrsividad de las distintas fases del proceso está indicada por las flechas que enlazan todos los bloques del esquema para mostrar su interdependecia y su carácter no secuencial. El escritor revisa tanto el texto ya escrito como los planes textuales que le servirán de guía para la redacción. La revisión comprende, a su vez, dos subprocesos: evaluación y edición. En la evaluación controlamos que el texto se ajuste a las exigencias planteadas por la tarea y al plan que hemos trazado, y también verificamos la adecuación del escrito a la norma gramatical y ortográfica. La edición aporta soluciones a los problemas que se advierten en el texto. Las actividades de edición podrían describirse, según el modelo que ofrecen los procesadores de texto, como operaciones de reemplazo, borrado o supresión de elementos, agregado o inserción y desplazamiento a lo largo de la frase.

Para facilitar el desarrollo de las operaciones que acabamos de reseñar pueden consultar la siguiente serie de recursos que focalizan su atención sobre las distintas fases del proceso de escritura:

Entender una tarea de escritura 

Poner en marcha la invención

Armar un plan

  • Relato
  • Explicación
  • Argumentación
  • Descripción

La puesta en texto

  • Propiedades del texto

Revisar y editar

  • Lista de control para revisión
  • Guía de edición
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: